En política, la memoria suele ser el peor enemigo de quienes pretenden erigirse como víctimas morales. Recientemente, el secretario de Cultura del Tolima, Alexander Castro, salió a la palestra pública para denunciar presuntos insultos y ataques de «bodegas digitales» contra la gobernadora Adriana Magali Matiz. Sin embargo, el estruendo de sus quejas tropieza de frente con una realidad incómoda: el oficialismo departamental parece olvidar que ellos mismos han sido maestros en el arte de la artimaña digital y la confrontación desmedida. Es el vivo retrato de la frase popular: predicar, pero no aplicar.
Memoria contra el olvido
Para hablar de «bodegas», hay que mirar hacia atrás. Es imposible no recordar la campaña de 2018, cuando una estrategia digital —que la propia Matiz tuvo que desmentir tras el cruce de cables con la Universidad del Tolima— difundió la falsa promesa de becas a cambio de votos. En su momento, la narrativa fue la misma: «fueron chismes de terceros». Pero en política, las casualidades tecnológicas no existen; existen las estrategias de manipulación que hoy, convenientemente, denuncian cuando se vuelven en su contra.
Tampoco el señor Castro tiene un historial de seda en el trato hacia los demás. No podemos olvidar la denuncia de una mesera que, con valentía, señaló haber sido víctima de tratos soeces y discriminatorios por parte del hoy Secretario de Cultura. ¿Con qué autoridad moral se reclama respeto en la tribuna digital cuando en el mundo físico los modales parecen escasear frente a quienes consideran «inferiores»?. Caber recordar que la Fundación para la libertad de Prensa en Colombia (FLIP) le hizo un llamado de atención respetuoso también al secretario de cultura del Tolima quien en esos días fungió como gobernador encargado cuando en palabras desafortunadas trató a la prensa independiente del Tolima como «sicarios de la información» esas estrategias hicieron que muchos medios y periodistas sufrieran de acoso y amenazas de muerte en redes, la FLIP le recordó que el es funcionario público y que su función se basa en tratar con respeto a la prensa, que si existen quejas por parte de la administración departamental hacia un medio, hay un protocolo para solicitar rectificar información a los medios de comunicación y que tratar con palabras desobligantes a la prensa que les hace contra poder no ayuda a construir una sana democracia.
El matoneo como estrategia de Gobierno
La gobernadora Matiz ha decidido que su gestión se mide en clics y caracteres. Se ha convertido en una acérrima crítica del Gobierno Nacional en X (antes Twitter), asumiendo un rol de «matoneadora digital» contra el presidente Gustavo Petro. Pero esa valentía virtual se desmorona en la práctica.

Recordemos el episodio del paro arrocero: mientras la gobernadora pedía al presidente que «no interviniera» porque ella supuestamente tenía el control de la negociación, la realidad la desmintió. Ni los gremios la escucharon, ni hubo soluciones prontas. Peor aún fue su papel en la cumbre de Boyacá, donde intentó reclamar soluciones al Ejecutivo, recibiendo una lección de realidad política: el presidente le recordó que son sus propias bancadas (la conservadora) las que votan en contra de las leyes financieras que permitirían ejecutar los proyectos en el Tolima. Es la ley del embudo: lo ancho para ellos, lo estrecho para los demás.
Una gestión sin pena ni gloria
Mientras el Palacio del Mango se desgasta cazando «trolls» y denunciando ataques en redes, el departamento del Tolima sigue sumido en problemas estructurales de seguridad, infraestructura y desarrollo. La gestión de Adriana Magali Matiz está pasando sin pena ni gloria, más enfocada en la estética de la pelea política que en la ética del servicio público.
Resulta absurdo y cansino que el Gobierno Departamental se enfrasque en polémicas de redes sociales que ellos mismos alimentaron en el pasado. Gobernadora, Secretario: dejen de preocuparse por los matoneadores que ustedes mismos ayudaron a criar y dedíquense a trabajar. El Tolima no necesita más hilos en X; necesita soluciones en el territorio. Ya es hora de que entiendan que quien siembra vientos de bodegas, inevitablemente, cosecha tempestades digitales.





