Habitantes rurales de Roncesvalles denuncian el deterioro extremo de las carreteras, contradiciendo los anuncios oficiales sobre kilómetros pavimentados y evidenciando una brecha profunda entre el discurso institucional y la realidad del campesinado.
La situación vial en el municipio de Roncesvalles continúa siendo motivo de indignación y preocupación entre sus habitantes, quienes aseguran que las promesas de infraestructura no se reflejan en el territorio. Lejos de encontrar carreteras pavimentadas y transitables, las comunidades se enfrentan a tramos cubiertos de barro, hundimientos constantes y vías que se vuelven intransitables con la mínima lluvia, poniendo en riesgo la movilidad y la vida de quienes dependen de ellas.
Según relatan campesinos de la zona, salir del municipio se ha convertido en una odisea diaria. Transportar productos agrícolas hacia los centros de comercialización implica horas adicionales de recorrido, pérdidas económicas y un desgaste físico permanente. Esta realidad contrasta con los anuncios oficiales que hablan de kilómetros de vía pavimentados, los cuales, aseguran, no corresponden a lo que hoy se vive en el territorio.
El abandono se siente con mayor fuerza en las veredas, donde el lodo y los derrumbes son parte del paisaje cotidiano. Allí, familias enteras dependen de estas carreteras para acceder a servicios básicos como salud, educación y abastecimiento, enfrentando un riesgo constante cada vez que deben desplazarse, especialmente en temporada de lluvias.
La inconformidad también se centra en la distancia que existe entre los tomadores de decisiones y la realidad rural. Mientras funcionarios y dirigentes se movilizan con comodidad y seguridad, los campesinos afirman que nadie parece recorrer estas vías en las condiciones reales que ellos padecen, lo que profundiza la sensación de olvido institucional.
Para las comunidades, el problema vial no solo afecta la economía local, sino que golpea la dignidad del campo. La falta de infraestructura adecuada limita el desarrollo productivo, encarece los costos de transporte y desestimula a las nuevas generaciones, que ven en el abandono una razón más para migrar a las ciudades.
En medio del malestar, los habitantes hacen un llamado a que las cifras oficiales sean contrastadas con la realidad del territorio. Aseguran que no se trata de discursos ni de anuncios, sino de obras efectivas que garanticen vías seguras, estables y acordes a las necesidades de una región agrícola y montañosa como Roncesvalles.
La inconformidad ha comenzado a traducirse en un mensaje político claro. De cara a futuros procesos electorales, líderes comunitarios insisten en que la memoria debe jugar un papel fundamental al momento de votar, recordando quiénes han vivido las consecuencias del abandono y quiénes han permanecido ajenos a esta realidad.
Finalmente, las comunidades reiteran que el campo merece respeto y condiciones dignas para vivir y producir. Las vías rurales, señalan, no son un lujo sino una necesidad urgente para garantizar desarrollo, seguridad y equidad territorial en uno de los municipios más golpeados por el aislamiento vial en el Tolima.






