La secretaria de Planeación y TIC’s del Tolima, cercana al senador Óscar Barreto, enfrenta reclamos internos por su trato fuerte hacia contratistas y funcionarios, aunque sigue siendo respaldada por la gobernadora Adriana Matiz y la estructura política conservadora.
Dora Patricia Montaña se ha consolidado como una de las funcionarias de mayor confianza del barretismo en el Tolima. Desde la Secretaría de Planeación y TIC’s, es quien mantiene informado a diario al senador Óscar Barreto de los movimientos dentro de la administración departamental. Su trayectoria política y administrativa está marcada por la cercanía con el jefe del conservatismo, lo que le ha permitido ocupar cargos de alto nivel desde hace más de una década. Sin embargo, su estilo de liderazgo genera divisiones y ha suscitado quejas de contratistas inconformes con su forma de trato.
El origen de estas denuncias apunta a un comportamiento que alterna entre la cordialidad y el maltrato. Cuatro contratistas bajo la modalidad de prestación de servicios OPS aseguraron a este medio que Montaña, en ocasiones, grita, insulta y falta al respeto a su equipo de trabajo. Aunque nadie se ha atrevido a denunciarla formalmente por temor a represalias, el inconformismo crece dentro del tercer piso del edificio del mango, donde se concentran Planeación y Desarrollo Físico. La situación empieza a preocupar a quienes dependen de estas áreas estratégicas para el cumplimiento del plan de desarrollo.
El recorrido de Montaña dentro del barretismo inició en 2008, durante el primer mandato de Óscar Barreto, cuando Mauricio Pinto la vinculó como asesora jurídica en la Secretaría General. Con el paso de los años, logró ganar terreno y experiencia en la administración pública. Durante el periodo 2012-2015, mientras Luis Carlos Delgado fue gobernador, se dedicó a asesorar municipios en temas contractuales, tras la derrota electoral de Barreto. Su regreso se dio en 2016, con la segunda administración del dirigente conservador, ocupando la dirección de asuntos jurídicos.
En 2019, con la llegada de Andrés Hurtado a la Alcaldía de Ibagué, Montaña fue trasladada como cuota política a la Secretaría de Planeación Municipal. Allí consolidó una relación de confianza con el mandatario local, incluso resistiendo la ruptura política entre Barreto y Hurtado. Su especialidad en derecho administrativo y su capacidad para proyectar resultados la han posicionado como una mujer influyente dentro de la burocracia. No obstante, sus métodos para obtenerlos han generado tensiones que hoy se hacen visibles en la administración de Adriana Matiz.
Las denuncias sostienen que Dora Montaña es una funcionaria con “dos caras”: una amable y cercana cuando el ambiente es favorable, y otra agresiva cuando los resultados no cumplen sus expectativas. Contratistas aseguran que los episodios de gritos y malos tratos son frecuentes, incluso hacia directores y colaboradores cercanos. El único funcionario que ha logrado oponer resistencia ha sido Carlos Sánchez, director de TIC, quien cuenta con respaldo directo de la gobernadora Matiz y el peso político de su madre, Olga Lucía Alfonso, directora de Cortolima.
A pesar de estas tensiones internas, Montaña sigue siendo clave en la administración departamental. Desde su despacho se estructuraron los tres empréstitos que comprometieron al Tolima por los próximos diez años, generando recursos por más de 200 mil millones de pesos. Estas operaciones le han dado a la gobernadora margen de maniobra para la inversión, consolidando así la importancia estratégica de la Secretaría de Planeación. Para Matiz, lo fundamental es la eficiencia en la ejecución de proyectos, por lo que las quejas sobre el estilo de Montaña no parecen alterar su respaldo.
El manejo político del caso también revela un patrón dentro del barretismo. Según allegados al senador, Barreto distingue entre “carácter y respeto”, y suele respaldar a sus coequiperos cuando se justifican en la necesidad de “apretar tuercas” para obtener resultados. En esa línea, las denuncias de contratistas pierden peso frente a la lógica del trabajo exigente y la disciplina férrea. Para el barretismo, Montaña representa una funcionaria leal, capaz y dispuesta a mantener el control de áreas estratégicas, incluso si su trato interpersonal es cuestionado.
Mientras tanto, el ambiente laboral en la Gobernación del Tolima permanece dividido entre quienes reconocen la capacidad técnica de Montaña y quienes sienten el peso de su estilo de dirección. La figura de la secretaria de Planeación y TIC’s es hoy un símbolo del poder barretista en la región, pero también un ejemplo de cómo el respaldo político puede blindar a una funcionaria de críticas internas. La pregunta abierta es hasta qué punto la administración de Adriana Matiz podrá sostener este equilibrio entre eficiencia y convivencia en el interior de su gabinete.


