Luego de casi una década de movilización social y abandono institucional, la comunidad de Arboleda del Campestre celebra la apertura del colegio José Joaquín Flórez Hernández, un logro impulsado por líderes sociales, veedurías y padres de familia en defensa del derecho a la educación.
Después de nueve años de lucha constante, la comunidad de Arboleda del Campestre alcanzó un hecho histórico con la inauguración de su primer colegio público. Durante este tiempo, niños, niñas y jóvenes vieron vulnerado su derecho fundamental a la educación, en medio de cierres de vías, reuniones mensuales con la Contraloría General de la República y una prolongada ausencia de acompañamiento por parte de las administraciones municipales.
La apertura de esta institución educativa representa el fin de una espera marcada por la persistencia comunitaria y el reclamo legítimo de garantías educativas. Una generación completa creció sin contar con una sede escolar cercana, situación que profundizó brechas sociales y obligó a muchas familias a buscar alternativas fuera de su territorio para asegurar la formación de sus hijos.
Este logro, según lo resaltó la comunidad, no fue producto del respaldo institucional local, el cual califican como inexistente durante años. Por el contrario, fue el resultado del trabajo incansable de líderes sociales, de la Veeduría por el Derecho a la Educación, del Consejo de Padres de Familia y de la Fundación por los Derechos Humanos, quienes mantuvieron viva la exigencia ante los entes de control.
Un papel fundamental lo desempeñó el rector Lamberto García, junto a su equipo de trabajo, quienes acompañaron el proceso pedagógico y administrativo, así como el liderazgo constante de Ever Contreras, reconocido por la comunidad como una voz firme en la defensa del derecho a la educación pública y de calidad.
Gracias a este esfuerzo colectivo, hoy se inaugura oficialmente el colegio José Joaquín Flórez Hernández, sede Arboleda del Campestre, una obra que simboliza dignidad, oportunidades y esperanza para cientos de estudiantes y sus familias. La institución se proyecta como un espacio para el desarrollo integral, la permanencia escolar y la construcción de tejido social.
Desde la Veeduría de Servicios Públicos se destacó este hecho como un triunfo de la organización comunitaria y la participación ciudadana. Para sus integrantes, el nuevo colegio demuestra que la movilización pacífica, sostenida y articulada puede transformar realidades y generar cambios estructurales en los territorios.
La comunidad hizo un llamado a los niños, niñas, jóvenes y habitantes del sector para que se apropien de este espacio educativo, lo cuiden y lo protejan como un bien público construido con sacrificio colectivo. Asimismo, invitaron a fortalecer el sentido de pertenencia, la identidad y el orgullo por la nueva institución.
Finalmente, líderes comunitarios coincidieron en que la apertura del colegio es una muestra de que la lucha valió la pena. Tras años de resistencia y perseverancia, Arboleda del Campestre celebra un avance que marca un antes y un después en la garantía del derecho a la educación y en el futuro de las nuevas generaciones.






