Comunidades rurales del epicentro en San José del Palmar denuncian que siguen sin ayuda humanitaria, sobreviviendo entre escombros y durmiendo en la calle por miedo a las réplicas del terremoto del 10 de agosto.
El Chocó también es víctima. Aunque el foco mediático se concentró en Cali y el Eje Cafetero, el departamento más pobre de Colombia fue el epicentro del terremoto de magnitud 7.4 registrado el pasado lunes 10 de agosto a las 7:34 a.m.
El movimiento, con epicentro en San José del Palmar a 103 kilómetros de profundidad, es el más fuerte del siglo XXI en el país según el Servicio Geológico Colombiano, dejando graves estragos en la región.
En Quibdó las autoridades reportan 13 muertos, 131 heridos y 40 viviendas destruidas, pero en las zonas rurales de El Carmen de Atrato y San José del Palmar la dimensión real de la tragedia apenas se está conociendo.
Un video que circula desde el corregimiento de Calle, en el municipio de El Carmen, resume el drama. Entre casas agrietadas y techos colapsados, una mujer grita: «La única ayuda somos nosotros, no hay nadie que nos ayude, solo la comunidad».
Las imágenes muestran a familias enteras removiendo escombros con carretillas, baldes y sus propias manos. No hay maquinaria, ni organismos de socorro. Solo vecinos ayudando a vecinos en medio de la total desolación.
El clamor es unánime: necesitan agua potable, comida, carpas o camping y frazadas. Quienes perdieron todo duermen en la calle y quienes conservan parte de su vivienda temen dormir adentro por las casi cien réplicas registradas.
El Gobierno Nacional declaró la situación de desastre nacional y activó el Mecanismo de Protección Civil de la Unión Europea, que anunció 2 millones de euros. Sin embargo, líderes comunitarios insisten en que esa ayuda no ha llegado al Chocó rural.
El Chocó no puede seguir siendo invisible. Fue el epicentro y hoy es el epicentro del olvido. Las víctimas piden que la respuesta humanitaria llegue también hasta la selva para mitigar la emergencia.

