El inicio de las obras del nuevo Hospital María Inmaculada de Rioblanco abrió una disputa pública entre la Gobernación del Tolima y el Ministerio de Salud por la autoría de la gestión y financiación del proyecto. Mientras la gobernadora Adriana Magali Matiz asegura que los recursos fueron defendidos y aprobados mediante el OCAD Paz, el ministro Guillermo Alfonso Jaramillo sostiene que el Gobierno Nacional es pieza clave en la cofinanciación y dotación tecnológica del centro asistencial.
El comienzo de las obras del nuevo Hospital María Inmaculada de Rioblanco encendió un fuerte debate político entre el Gobierno Departamental y el Gobierno Nacional, luego de que ambas partes reclamaran protagonismo sobre la ejecución de uno de los proyectos de salud más esperados para el sur del Tolima. La controversia surgió en medio de los actos oficiales de socialización de la obra y rápidamente escaló a escenarios de opinión pública.
Desde la administración departamental, la gobernadora del Tolima, Adriana Magali Matiz, afirmó que el proyecto es resultado de una extensa gestión adelantada desde su época como congresista y consolidada posteriormente a través del OCAD Paz. Según explicó, los recursos aprobados por más de $25.395 millones fueron defendidos técnicamente ante diferentes instancias nacionales hasta lograr su viabilidad financiera.
La mandataria señaló que el proyecto inicial presentado en 2019 quedó desactualizado frente a las necesidades actuales del municipio, razón por la cual fue necesario reformular estudios, diseños y componentes técnicos para garantizar la ejecución integral del nuevo hospital. Matiz aseguró que el proceso implicó jornadas extensas de revisión y defensa presupuestal que permitieron destrabar la iniciativa.
Además, sostuvo que la ejecución directa de los recursos por parte del hospital busca evitar retrasos administrativos y posibles obstáculos burocráticos. La gobernadora también dejó entrever que algunos sectores políticos han intentado capitalizar electoralmente la obra, pese a que —según manifestó— la estructuración y aprobación fueron lideradas desde el departamento.
Sin embargo, el Ministerio de Salud presentó una versión distinta frente al origen de los recursos y la participación institucional. El ministro Guillermo Alfonso Jaramillo aseguró que el Gobierno Nacional participa activamente en la financiación del proyecto mediante un esquema de cofinanciación que contempla aportes cercanos a los $11.900 millones.
Desde el Ejecutivo nacional se indicó además que el nuevo hospital contará con componentes adicionales impulsados por la política de salud rural del Gobierno del Cambio. Entre ellos se destacan estrategias de telemedicina articuladas con la Universidad Nacional, inversiones para Equipos Básicos de Salud y una dotación tecnológica que incluiría mamógrafo, equipos biomédicos y salas de cirugía menor.
La posición del Ministerio busca presentar la obra como parte de una estrategia nacional de fortalecimiento hospitalario en regiones históricamente afectadas por el conflicto y el abandono estatal. Bajo la consigna institucional “Colombia Tiene Quien La Cuide”, el Gobierno Nacional ha insistido en que el proyecto hace parte de un modelo integral de atención en salud para zonas apartadas.
El choque de versiones abrió interrogantes sobre la trazabilidad de los recursos y el verdadero alcance de cada entidad dentro del proyecto. Mientras la Gobernación insiste en que el grueso del financiamiento proviene de recursos aprobados en el OCAD Paz, el Ministerio enfatiza en que la infraestructura hospitalaria no podría ejecutarse plenamente sin la participación económica y técnica de la Nación.
En medio de la controversia política, sectores ciudadanos y líderes comunitarios de Rioblanco han pedido que las diferencias institucionales no afecten el desarrollo de las obras. Para los habitantes del municipio, el nuevo hospital representa una deuda histórica con el sur del Tolima, una región que durante décadas ha enfrentado limitaciones en infraestructura médica y acceso oportuno a servicios especializados.
Por ahora, las obras avanzan mientras crece el debate sobre si existe una articulación legítima entre el Gobierno Departamental y el Nacional o si, por el contrario, se está configurando una disputa política por la apropiación de los méritos de una misma inversión pública. Entretanto, la comunidad espera que el enfrentamiento discursivo no termine frenando un proyecto considerado vital para la atención en salud de miles de habitantes del territorio.





