Con apenas 13 años, Paula Siryana Cortés se ha convertido en un ejemplo de emprendimiento juvenil y preservación cultural en el Tolima. Como quinta generación de una familia dedicada al tejido en palma real, la joven combina sus estudios, la música y el modelaje con la elaboración de artesanías que mantienen vivo un legado familiar de más de un siglo.
En el municipio de Guamo, una historia de tradición, emprendimiento y arraigo cultural continúa escribiéndose gracias al talento de Paula Siryana Cortés, una joven de 13 años que ha asumido con orgullo la responsabilidad de preservar un legado artesanal transmitido durante cinco generaciones.
La adolescente representa la continuidad de una tradición familiar dedicada al tejido en palma real, una práctica ancestral que ha permanecido vigente durante más de 120 años y que hoy encuentra nuevas oportunidades de crecimiento a través de las ideas innovadoras de las nuevas generaciones.
Mientras cursa sus estudios y desarrolla actividades relacionadas con la música y el modelaje, Paula también dedica parte de su tiempo a la elaboración de artesanías, convirtiendo una herencia cultural en una herramienta de aprendizaje, emprendimiento y proyección personal.
Su historia comenzó desde muy pequeña, cuando observaba a su madre y a otros integrantes de su familia trabajar la palma real. A los ocho años aprendió las técnicas básicas del tejido y desde entonces ha fortalecido sus conocimientos para desarrollar productos con identidad propia.
Actualmente lidera una línea de llaveros e imanes artesanales, iniciativa que le ha permitido generar ingresos y comprender el valor del esfuerzo, la creatividad y la disciplina. Para ella, la artesanía representa mucho más que una actividad económica; es una forma de preservar la memoria de sus antepasados.
“De la palma real uno nunca termina de aprender. Con mi línea de llaveros e imanes me he podido dar algunos gustos y comprar lo que necesito para el colegio y la música. Nosotros los jóvenes somos el futuro de Colombia y los encargados de llevar este legado para dentro de 100 o 200 años más”, expresó Paula Siryana.
Detrás de este proceso también se encuentra Sandra Guzmán, madre de la joven artesana y representante de la cuarta generación de tejedoras de la familia. Durante más de seis años han trabajado juntas fortaleciendo una relación basada en el aprendizaje, el acompañamiento y la construcción de proyectos comunes.
Para Guzmán, la clave para conservar las tradiciones está en brindar confianza y oportunidades a los jóvenes. Considera que el entorno familiar debe convertirse en un espacio donde se desarrollen habilidades, capacidades empresariales y una visión de futuro ligada a las raíces culturales.
“Lo más importante es creer en ellos, mostrarles el mundo y fortalecerlos para que crezcan con esa visión de emprender, armar empresa y generar sostenibilidad para ellos mismos y para la comunidad. Por eso siempre la llevo de la mano, enseñándole, y acá seguimos caminando juntas”, afirmó.
La experiencia de Paula refleja cómo las nuevas generaciones pueden encontrar en el patrimonio cultural una oportunidad para construir proyectos de vida sostenibles. Su historia demuestra que las tradiciones no están destinadas a desaparecer, sino que pueden reinventarse y adaptarse a los desafíos contemporáneos.
En medio de los avances tecnológicos y los cambios sociales, el trabajo de esta joven artesana se convierte en un símbolo de identidad para el Tolima, evidenciando que el conocimiento ancestral sigue vigente cuando existe compromiso familiar, sentido de pertenencia y una juventud dispuesta a preservar sus raíces.






