El Hospital Federico Lleras Acosta enfrenta una grave crisis asistencial por la sobreocupación de su servicio de urgencias, que ya supera el 182 %. La situación se agrava por la presión de pacientes de todo el departamento y por los retrasos en los pagos de EPS como Nueva EPS, lo que pone en riesgo la sostenibilidad financiera y laboral del principal centro hospitalario del Tolima.
El sistema de salud del Tolima atraviesa uno de sus momentos más complejos debido al colapso del servicio de urgencias del Hospital Federico Lleras Acosta, cuya ocupación supera el 182 %. Esta cifra refleja un desbordamiento crítico de la capacidad instalada y una alta demanda de atención médica que ha encendido las alertas entre las autoridades sanitarias y la comunidad usuaria.
De acuerdo con la gerente del hospital, Marta Palacios, la congestión no obedece únicamente a la atención de pacientes de Ibagué. Por el contrario, la institución recibe diariamente usuarios provenientes de los 46 municipios del departamento, quienes se ven obligados a acudir a urgencias ante la falta de acceso oportuno a consultas especializadas, controles médicos y entrega de medicamentos por parte de sus EPS.
La situación se agrava por la crisis administrativa y financiera que atraviesa la Nueva EPS, una de las entidades con mayor número de afiliados en el Tolima. Actualmente, cerca de 240 pacientes de esta EPS permanecen hospitalizados en el Federico Lleras, varios de ellos a la espera de cirugías o tratamientos de alta complejidad, lo que incrementa la presión sobre el servicio.
Según la gerencia, el problema no radica en la capacidad física o humana del hospital. El Federico Lleras cuenta con más de 400 camas, seis unidades de cuidado intensivo y personal médico y asistencial altamente calificado, preparado para responder a situaciones de alta complejidad y demanda sostenida de atención en salud.
No obstante, el verdadero riesgo se concentra en el incumplimiento de los giros por parte de algunas EPS. El hospital factura mensualmente entre 26 y 27 mil millones de pesos, pero en determinados periodos solo recibe una fracción de esos recursos, generando un desbalance financiero que dificulta la operación normal de la institución.
Esta falta de flujo de recursos impacta directamente el pago de la nómina, que supera los 10 mil millones de pesos mensuales y de la cual dependen más de 1.900 familias. La incertidumbre financiera pone en riesgo la estabilidad laboral del personal y la continuidad de los servicios, en un contexto donde la demanda de atención no da tregua.
Desde el hospital se insiste en la necesidad de una respuesta estructural por parte del sistema de salud, que incluya el fortalecimiento de la red hospitalaria regional y el cumplimiento oportuno de las obligaciones financieras de las EPS. Sin estas medidas, la saturación de urgencias seguirá siendo la puerta de entrada forzada para miles de pacientes.
Mientras tanto, la crisis del Federico Lleras se convierte en un reflejo de las fallas estructurales del sistema de salud en el Tolima. La sobreocupación, la presión financiera y la falta de atención primaria efectiva configuran un escenario crítico que exige acciones urgentes para garantizar el derecho a la salud de la población.





