El fin de la pena

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Por: Gustavo Enrique Mestre Cubillos, Abogado y Líder Social exiliado por amenazas

Si el fin de la pena fuera la punibilidad, ningún reo tendría porque salir de la cárcel y solo tendrían que existir penas únicas o fijas (entre ellas, la pena de muerte), porque sin duda, estaríamos hablando de un sistema de justicia retributiva en donde prima la venganza social antes que lo humano.

No obstante, si el fin primordial de la pena es la rehabilitación o resocialización del individuo (como lo establece la Constitución y la Ley), ninguna persona que haya sido juzgada por cometer un delito o un ilícito, tendría que quedar en libertad hasta que no se acredite su rehabilitación o resocialización, independientemente del tiempo transcurrido en prisión, es decir, estaríamos en un sistema de justicia distributiva en la que el aplicativo imperativo es la denostada “prisión permanente revisable” que acaba únicamente cuando se pruebe que la persona esta rehabilitada o resocializada y que al salir no volverá a representar un peligro para la sociedad.

No obstante, la experiencia nos demuestra que, las personas que salen de la cárcel, en su mayoría salen sin rehabilitarse o resocializarse, y un alto porcentaje, reincide en sus ilícitos o crímenes, y desgraciadamente, el pan amargo de cada día, es que, en los crímenes que más reinciden son en los de abusos, agresión o violencia sexual contra las mujeres y contra niños, niñas y adolescentes.

Pero qué podemos esperar de los Estados con democracias fallidas, que creen que el principio universal de la democracia es la imposición de lo escogido por las mayorías, así violenten a los que ellos, a través de la mal llamada “Teoría de la Discriminación Positiva” han decidido llamar minorías al colectivizarlos en pequeños núcleos en vez de reconocerlos como ciudadanos, como humanos y aplicar mejor la “Teoría de la Acción Positiva” que no disgrega a los humanos en colectivos sino que les reconoce y lucha porque los derechos se apliquen de manera diferenciada y diferencial.

Las políticas de rehabilitación o resocialización del individuo fracasan porque, los gobiernos de turno, escudados en sus populismo, prefieren incentivar las teorías de la “Política Criminal del Enemigo” y en base a ellas aplicar justicia retributiva, es decir, la venganza social, con el único fin de invertir menos en centros penitenciarios, que deberían contar con un sistema académico interno, en el que se le dé a los reos la posibilidad de resocializarse o rehabilitarse, y que puedan salir de la cárcel con una tesis académica bajo el brazo sin necesidad de haber recurrido a falsos títulos como los que presentan a sus ciudadanos los políticos de los últimos días.