El Hospital Federico Lleras Acosta enfrenta una grave congestión asistencial y una crisis financiera marcada por la baja recuperación de cartera, en medio del aumento de pacientes y las deudas de las EPS.
La crisis del sistema de salud sigue evidenciándose con fuerza en el Tolima, donde el Hospital Federico Lleras Acosta reporta una ocupación del 182 % en su servicio de urgencias, una cifra que refleja el colapso progresivo de la atención hospitalaria en el principal centro asistencial del departamento.
Este panorama se presenta mientras a nivel nacional continúan las reacciones por las declaraciones del ministro de Salud sobre la situación del sistema, contraste que para las autoridades regionales no coincide con la realidad que viven diariamente los usuarios en zonas urbanas y rurales del Tolima.
La gerente del hospital, Martha Palacios, confirmó que al cierre de la tercera semana de enero la presión asistencial se mantiene en niveles críticos, afectando no solo urgencias, sino también otros servicios estratégicos para la atención de pacientes de alta complejidad.
Según explicó la directiva, la ocupación en hospitalización alcanza el 90 %, mientras que la Unidad de Cuidados Intensivos registra un 98 %, cifras que limitan la capacidad de respuesta ante nuevas emergencias y aumentan la carga laboral del personal médico y asistencial.
El Federico Lleras cuenta actualmente con cerca de 400 camas de hospitalización distribuidas entre las sedes La Francia y El Limonar, además de seis unidades de cuidados intensivos y una amplia oferta de servicios especializados que lo convierten en referente regional.
En materia financiera, Palacios detalló que la institución sostiene una nómina mensual cercana a los 10 mil millones de pesos para cubrir los salarios de aproximadamente 1.900 trabajadores, entre personal médico, asistencial y administrativo.
Aunque la facturación mensual asciende a cerca de 26 mil millones de pesos, el recaudo efectivo es considerablemente inferior, con meses en los que apenas se reciben 4 mil millones, situación que golpea directamente la sostenibilidad del hospital.
Uno de los principales deudores es la Nueva EPS, entidad que mensualmente debería girar cerca de 8 mil millones de pesos por la atención de sus afiliados, pero cuyos retrasos han obligado a la institución a priorizar recursos y limitar algunos servicios, pese a los esfuerzos por garantizar la atención de los pacientes.









