El excongresista Gustavo Bolívar advirtió al presidente electo Abelardo de la Espriella sobre las consecuencias de intentar extraditar a Gustavo Petro, asegurando que millones de ciudadanos respaldarán al actual mandatario ante cualquier intento de persecución judicial.
La tensión política en Colombia ha alcanzado niveles críticos ante la transición de poder hacia la nueva administración de Abelardo de la Espriella. Las recientes declaraciones del presidente electo sobre el futuro judicial de Gustavo Petro han desencadenado una ola de reacciones en el entorno del actual mandatario. El excongresista Gustavo Bolívar, figura cercana al gobierno saliente, ha decidido romper el silencio para confrontar directamente estas afirmaciones que amenazan la estabilidad institucional y la paz política del país.
El conflicto se remonta a las promesas hechas por De la Espriella durante su campaña presidencial, cuando manifestó abiertamente su intención de extraditar a Gustavo Petro a Estados Unidos. En una entrevista concedida a la agencia Associated Press, el mandatario electo fue contundente al afirmar que, de ser necesario, él mismo se encargaría de llevarlo ante las autoridades judiciales internacionales. Estas palabras marcaron un precedente de confrontación que ha continuado resonando en los debates de las últimas semanas.
La postura del nuevo gobierno ha sido reforzada por figuras de su equipo de trabajo, como Carlos Alonso Lucio, quien ha insistido en que el Ejecutivo no interferirá con los requerimientos internacionales que puedan surgir. Según Lucio, el presidente Petro debe responder ante la justicia por presuntos delitos y la administración entrante se abstendrá de bloquear cualquier proceso legal en curso. Esta posición ha sido interpretada por los seguidores del oficialismo como un intento directo de persecución política.
Ante este panorama, Gustavo Bolívar utilizó sus redes sociales para lanzar una advertencia categórica contra el mandatario electo, cuestionando seriamente su comprensión sobre las facultades presidenciales. El exsenador arremetió contra lo que denominó una postura dictatorial, señalando que la extradición sin que medie una investigación, acusación y un juicio justo es una aberración jurídica. Bolívar denunció que estas intenciones revelan un talante autoritario preocupante en quienes se preparan para asumir las riendas del Estado colombiano próximamente.
La frase «Si tocan a Petro tocan a 13 millones» se ha convertido rápidamente en el estandarte de resistencia para los sectores que respaldan el proyecto político de Gustavo Petro. Esta consigna busca movilizar a los votantes y simpatizantes, recordándole al equipo de De la Espriella que el apoyo popular es una fuerza que no puede ser ignorada ante medidas que consideran persecutorias. La advertencia es clara: cualquier acción contra el presidente será vista como un ataque a toda su base electoral.
Este cruce de declaraciones agudiza la polarización en un momento donde el país requiere calma y estabilidad para una transición presidencial ordenada y transparente. La discusión sobre el uso de la justicia como herramienta de retaliación política ha puesto en alerta a diversos sectores de la sociedad civil y observadores internacionales. La confrontación entre el gobierno saliente y el entrante sugiere un panorama de gobernabilidad complejo para los próximos meses, con riesgos de inestabilidad constante.
Los analistas políticos advierten que el cuestionamiento de Bolívar sobre la separación de poderes es fundamental para entender la gravedad de esta disputa mediática. Un presidente no tiene facultades judiciales para ordenar la extradición de un ciudadano por cuenta propia, sin el debido proceso que exige la Constitución Nacional. La advertencia del excongresista subraya que la democracia colombiana debe protegerse de cualquier tentación de utilizar el poder del Estado para ajustar cuentas personales o políticas.
A medida que se acerca la fecha de posesión presidencial, el clima de incertidumbre se intensifica ante la falta de canales de comunicación efectivos entre los dos mandatos. Los ciudadanos observan con preocupación cómo el debate se aleja de las soluciones estructurales para enfocarse en una confrontación judicial que podría paralizar la agenda nacional. El llamado a la mesura parece no haber calado en las partes involucradas, quienes mantienen sus posturas firmes mientras se acerca el cambio de mando.









