La respuesta es obvia, pero la complejidad de su causa y efecto es la discusión central que debe guiar los análisis y debates.
Por: Edgar Romero Macías, el maestro que lucha por Colombia.
Sin duda, la decisión del Banco de la República de aumentar las tasas de interés en una economía en crecimiento, con indicadores económicos favorables y una inflación controlable, sugiere que, más allá de su autonomía, prevalece lo político sobre lo técnico en plena época electoral.
Han existido otros momentos en gobiernos anteriores donde, pudiendo tomar esta decisión, la omitieron. La razón es simple: a la mayoría de los integrantes de la junta directiva no les interesa el principio de coordinación con el Gobierno de Petro.
Esta decisión es consecuencia de la politización del banco y de su sistema de nombramiento. Aunque se avanzó para que el sector privado no formara parte de ello, sus intereses siguen alineados con unos pocos privilegiados que buscan recuperar el poder completo en el país, el cual se vio afectado con la llegada de un gobierno progresista y un presidente popular.
Los efectos se sentirán con el paso de los días si se mantiene este criterio de tasas altas. El ciudadano de a pie, la mayoría de los hogares de clase media que deseen solicitar créditos y préstamos para vivienda, educación o inversión, tendrán que pagar más, endeudarse más y esforzarse más para cubrir los intereses, lo que desacelerará un sector importante de la economía.
La inversión, tan necesaria para dinamizar la economía interna, también puede sufrir las consecuencias. A pesar del repunte de muchos sectores como el turismo, el ecoturismo y el transporte, estos se verán afectados al no tener condiciones de acceso al crédito. Las pequeñas y medianas empresas frenarán el financiamiento de proyectos y verán afectada su rentabilidad.
Así las cosas, hemos aprendido en estos tres años que es la movilización social la que ha revertido los mitos que por años impuso la política tradicional. En el caso del Banco de la República, hay que exigir a los integrantes de la junta directiva que la autonomía, como atributo constitucional, debe estar al servicio de todos los colombianos y no de una minoría con mucho poder.
Es hora de hacer un llamado al sector solidario, al sector de la economía popular, a los fondos de trabajadores, al cooperativismo para que en este momento aumenten opciones de capital social, gran diferencia con la banca y así contrarrestar, en parte, la financiarización de la economía y la acumulación a ultranza que impide el desarrollo y bienestar de todos los habitantes de esta nación.
En el tema político, la respuesta debe ser derrotarlos en las urnas, votando por la continuidad progresista para el pueblo. No hay mal que dure cien años, ni juntas directivas proclives a las élites y no al mandato del soberano.





