Por: Juan Bermúdez
Los líderes sociales en Colombia están en la mira. 17 fueron asesinados durante enero y parte de febrero del presente año, mientras otros –quienes lideran procesos sociales a lo largo y ancho del país– han sido amenazados.
En el Tolima, el número de casos no es menos importante, pero los líderes han experimentado algún tipo de peligro. A través de un estudio que realizamos con el equipo de académicos de la Corporación PAZIEMPRE lo corroboramos. Con un seguimiento a las acciones dirigidas contra su labor en 2017 y 2018 revelamos el riesgo que han atravesado en el departamento.
Durante los años señalados, cuarenta (40) acciones pusieron en riesgo a los líderes en el Tolima. Estas recayeron en treinta y seis (36) víctimas, de las cuales el 75% fueron hombres y el 25% mujeres.
De los dos (2) años en cuestión, 2017 fue el de mayor riesgo, porque los líderes fueron objeto de veinticuatro (24) actuaciones contra su actividad e integridad, entre las cuales predominaron las amenazas. Mientras tanto, en 2018 este número disminuyó a 16, pero sólo 10 de estas acciones fueron amenazas. Las 6 restantes constituyeron otro tipo actuación.
“Aunque el homicidio, el atentado y los seguimientos (…) en 2018 parecen acciones marginales, son significativas respecto a 2017. En ese año fueron asesinados dos (2) líderes y no fueron registrados otro tipo de acciones diferentes a las amenazas. Por lo tanto, las actuaciones en 2018 adquirieron otro carácter así hayan disminuido, porque fueron más allá de las amenazas”.
El mayor número de acciones registradas fueron dirigidas contra los líderes campesinos, los ambientalistas, los líderes de agrupaciones de izquierda y los líderes indígenas. Los liderazgos resultantes de las resistencias a las problemáticas alrededor de la tenencia y el acceso a la tierra, y el rescate de la economía campesina y ancestral en el departamento los pusieron en la mira. Además, la oposición reciente a la puesta en marcha de proyectos hidroeléctricos y mineros puso en el ojo del huracán a quienes la dirigieron. “Por esto, el 70% de las acciones fueron enfocadas en esos liderazgos”.
Los principales responsables de de las actuaciones contra los líderes fueron tres (3) grupos continuadores o herederos del paramilitarismo: Águilas Negras, Rastrojos y AGT. “En 2017, ellos fueron los causantes de las principales acciones contra su integridad. Quienes los secundan como perturbadores del activismo social son los actores no identificados, que adquirieron prominencia en 2018, porque fueron responsables de gran parte de las acciones cometidas contra los líderes junto a las Águilas Negras.”
Estos elementos revelan varias preocupaciones en torno a la forma como unos actúan contra los líderes. Por una parte, el cambio en las acciones contra ellos. Aparte de los homicidios y los secuestros registrados, la amenaza escrita no es el único recurso que están utilizando para amedrentar. El mensaje anónimo y el seguimiento son dos formas nuevas en las actuaciones de quienes ven en los líderes un obstáculo. Por otra, la aparición del anónimo constituye un elemento novedoso. Una parte de las acciones cometidas contra ellos ya no son atribuibles a un actor en específico. Por esto, y a partir de la experiencia del Tolima, podríamos asistir a formas relativamente “nuevas” de persecución contra los liderazgos.