Los Colombianos parecen comenzar a odiar su Policía

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Por: Nelson Germán Sánchez Pérez

Pareciera que los colombianos se están cansando a pasos agigantados de una Policía Nacional que se ve en un porte arrogante, pendenciero, impositivo.

El ciudadano cada día aguanta menos el irrespeto y la provocación de algunos de sus hombres y mujeres al entrar en contacto con ellos en cumplimiento de su deber y para lo cual se les paga.

Así mismo, de que luego de algunos procedimientos se escuden en un supuesto irrespeto a la autoridad para al parecer agredir, lesionar, esposar, intimidar o multar al ciudadano que reclama un trato justo y digno.

Lo que más se escucha hoy en día por todas partes, en todos los espacios de conversación es que parecieran existir miembros de ese cuerpo armado civil muy escasos de modales, relaciones públicas y mucho menos humanas, que no llegan a saludar, conocer sobre la situación y ponerse en contexto de lo que sucede o sucedió, si no a imponerse, gritar, empujar, a mandarse la mano al cinto y acariciar su arma a través de la funda como un sheriff que llega ante forajidos. Lo cual agrede y molesta.

Además, el famoso “código de la empanada” – oficialmente Código de Policía- obra de nuestro paisano Carlos Edward Osorio, hoy candidato a la Gobernación, les hizo mucho más daño en su imagen, pues les dio la herramienta para salir a la búsqueda de infractores de todo tipo, la fácil, nada de caminar barrios, lugares peligrosos, perseguir la delincuencia, vigilar zonas comerciales, fortalecer la inteligencia contra el crimen, pues mucho mejor quitar un carrito de helados, una carreta de venta de aguacates, perseguir a los golosos de las empanadas callejeras con un talonario en la mano.

Pululan por miles y todos los días son más y más, los videos por la internet, eso sin tener en cuenta los miles de comentarios de indignación, negativos y memes contra miembros de esa otrora admirada, respetada y querida institución. Todo por cuenta de que parecen haberlos adiestrado para intimidar, imponer la autoridad por encima de todo, atacar, golpear, pero no para respetar, enseñar, mediar y reconvenir.

A todos nos disgusta ver hordas de ellos en las calles contra vendedores ambulantes indefensos, mientras las bandas de microtráfico, atracadores, fleteros, el crimen organizado de todo tipo se toma esas mismas avenidas y sobre todo las calles de barrios y comunas sin que se conozcan acciones contundentes de su parte para con ellas para desarticularlas.

“Héroes” es una palabra que hoy se siente un poco desgasta por un amplio sector de la ciudadanía hacia ellos, porque atrás quedaron las imágenes de sus fieras imágenes defendiendo sus cuarteles en municipios, los combates contra grupos insurgentes o ilegales, su persecución a los cárteles y sus laboratorios, las labores humanitarias, su lucha valiente hasta la última gota de sudor y lágrimas antes de caer retenidos ilegalmente por subversivos, rescatando secuestrados en la manigua o caletas y proporcionando grandes golpes a la delincuencia.

Algo está pasando con su entrenamiento y las instrucciones que les son impartidas frente a su labor, responsabilidad y trato para con el ciudadano de a pie, sea este un infractor o no lo sea.

Ojo esto no quiere decir que no duelan las muertes infames de los cadetes jóvenes en un atentado demencial contra ellos como el producido en Bogotá por el ELN, el de los policías que almorzaban y fueron atacados por la espalda, quienes son acribillados o secuestrados al ir de civil en un transporte público; no, para nada, nos duele e indigna, pero la sensación es cada día de más adormecimiento al ver a un grupo de policías correteando un padre o madre de familia que pertenece a ese 60% de la informalidad y el subempleo colombiano, forcejeando con un vendedor de helados, golpeando a alguien que les reclamaba acción contra un ladrón, empujando o vociferando contra mujeres o transeúntes que les preguntaban por su accionar o el motivo de un operativo o graban tal acción.

No estoy desconociendo o exculpando a aquellas personas iracundas y groseras frente a cualquier llamado de atención de la autoridad legítima, advertencia o solicitud respetuosa de parte de los policías, lo cual también se presenta y no se tienen que dar de ningún modo; pero se supone que el entrenamiento de quien porta un uniforme, tiene capacitación en defensa y ataque y llevan un arma muy cerca a su mano que puede accionar, se da precisamente para saber manejar con cabeza fría este tipo de situaciones diarias y normales. Un llamado a la revisión de su actuar y de ajustar el “código de la empanada”