Tras el multitudinario evento de Iván Cepeda en Ibagué, la dirigencia departamental del Partido Liberal ratificó su «rebeldía» frente a las directrices nacionales de César Gaviria, consolidando una alianza con el Pacto Histórico para buscar la victoria en primera vuelta.
La política tolimense vive un sismo institucional tras la visita del candidato presidencial Iván Cepeda Castro a la capital del departamento. En un encuentro estratégico en el sector de Las Rocas, figuras de la talla de María José Pizarro, Marco Hincapié y la plana mayor del liberalismo local se reunieron para consolidar el denominado «Pacto por el Tolima». El objetivo central de esta alianza es establecer una agenda especial de desarrollo que permita al departamento superar los índices de pobreza, desigualdad y desempleo. Los líderes coincidieron en la necesidad urgente de recuperar la grandeza del territorio mediante un mensaje de unidad y transformación social profunda.
Detrás de cámaras del evento realizado en el Parque Murillo Toro, quedó en evidencia que el Partido Liberal en el Tolima se ha declarado en abierta desobediencia civil. Esta facción regional ha decidido ignorar las órdenes del Directorio Nacional en Bogotá, encabezado por el expresidente César Gaviria Trujillo. Mientras Gaviria anunció el respaldo oficial de la colectividad a la candidata Paloma Valencia, las bases tolimenses, cercanas al «jaramillismo» y al sector progresista, rechazaron tajantemente dicha coalición. Este acto de rebeldía marca una ruptura histórica entre la dirigencia centralista de la capital y las huestes rojas del departamento.
La plana mayor del directorio departamental, liderada por Jorge Eduardo Casabianca y el diputado Carlos Reyes, subió a la tarima pública para oficializar su respaldo a Cepeda. Acompañados por el director Ángel María Gaitán y el concejal Javier Mora, los liberales tolimenses expresaron que su compromiso es con el cambio y no con las estructuras tradicionales. Incluso se contó con la presencia, a un costado del escenario, de la representante saliente Olga Beatriz González, evidenciando una unión de diversas vertientes. Para este sector, seguir las directrices de Gaviria implicaría traicionar las raíces populares y progresistas que históricamente han defendido en la región.
El apoyo incondicional a la campaña del Pacto Histórico ya se había gestado en reuniones previas en Bogotá, contando con el aval del exsenador Mauricio Jaramillo Martínez. Jaramillo, hermano del actual ministro de Salud, Guillermo Alfonso Jaramillo, ha sido una pieza clave en el acercamiento de las huestes liberales a las causas del gobierno actual. Esta alianza no es casual, sino que responde a una visión compartida de país que busca dejar atrás los modelos económicos de exclusión. La presencia de Mauricio Jaramillo ratifica que el sector más influyente del liberalismo en el Tolima ha decidido cambiar de rumbo político.
Un registro fotográfico capturó el encuentro posterior al evento entre la dirigencia liberal y la senadora María José Pizarro, jefa de debate de Iván Cepeda. Durante las intervenciones públicas, los líderes liberales recordaron episodios de la violencia histórica en Colombia para justificar su distancia con la derecha. Hicieron mención a la violencia ejercida durante el gobierno del abuelo de Paloma Valencia y al magnicidio de líderes de izquierda como parte de los argumentos para su decisión. Para los liberales rebeldes, esta alianza con el Pacto Histórico representa un acto de reparación y una apuesta por la paz definitiva.
La estrategia de esta «fuerza combinada» entre el Pacto Histórico, el Partido Liberal, la Alianza Verde y otros sectores progresistas tiene un objetivo claro: el 31 de mayo. Estas organizaciones apuestan todas sus cartas a que Iván Cepeda logre la presidencia en primera vuelta, un hecho que no tiene precedentes en la historia reciente de Colombia. Consideran que la movilización lograda en Ibagué es el termómetro ideal para medir el sentimiento de cambio que recorre los municipios tolimenses. La meta es superar los umbrales electorales previos y consolidar un mandato popular robusto desde las regiones.
La reunión en Las Rocas sirvió también para delinear los puntos programáticos que el Tolima exigirá en un eventual segundo gobierno del cambio bajo el mando de Cepeda. Se habló de infraestructura, apoyo al agro y el fortalecimiento de la educación pública como ejes para combatir el desempleo juvenil. María José Pizarro resaltó que el Tolima es una pieza fundamental en el rompecabezas nacional para lograr la justicia social que el país reclama. La sinergia lograda entre el «trapo rojo» y el «pacto» parece ser, por ahora, inquebrantable frente a las amenazas de sanciones desde Bogotá.
Finalmente, el ambiente político en el Tolima queda marcado por una polarización entre quienes siguen a Gaviria y quienes han decidido sumarse a la «Alianza por la Vida». El 31 de mayo será la prueba de fuego para determinar si la rebelión liberal logra arrastrar los votos necesarios hacia la izquierda. Los líderes del departamento confían en que el electorado entenderá este gesto de autonomía como una defensa de los intereses regionales sobre los mandatos partidistas. Mientras tanto, el mensaje de esperanza y recuperación de la grandeza tolimense sigue recorriendo cada barrio y vereda de la geografía departamental.





