Los bajos precios de las cosechas, el aumento de los costos de producción y la reducción de las siembras mantienen en alerta a los productores de arroz en Colombia. En el Tolima, donde cerca de 4.870 agricultores dependen de esta actividad, crece la preocupación por la rentabilidad del cultivo y la entrada de arroz estadounidense sin aranceles a partir de 2030.
La crisis económica que atraviesa el sector arrocero colombiano vuelve a encender las alarmas y abre la posibilidad de un nuevo paro nacional. Dirigentes del gremio advierten que los productores enfrentan dificultades para sostener sus cultivos debido a los bajos precios pagados por las cosechas, los elevados costos de producción y la falta de rentabilidad, factores que amenazan la continuidad de una actividad fundamental para la economía rural.
La Federación Nacional de Arroceros (Fedearroz) solicitó al Ministerio de Agricultura medidas urgentes para atender la situación financiera de los agricultores, afectados por los precios de comercialización registrados durante las cosechas de 2025 y 2026. A estas dificultades se suma la caída de la productividad asociada a las condiciones climáticas y a los efectos del fenómeno de El Niño, que han complicado las proyecciones de producción en distintas zonas del país.
Uno de los indicadores que refleja la preocupación del sector es la disminución cercana al 30 % en las siembras de arroz en zonas de riego, cifra reportada por Fedearroz. Para los productores, esta reducción evidencia la incertidumbre frente a los ingresos futuros y la dificultad de asumir nuevas inversiones cuando los costos de los insumos, la maquinaria y las labores agrícolas presionan los márgenes de ganancia.
En el Tolima, el panorama genera especial inquietud por el peso de esta actividad en la economía regional. Según cifras de la Gobernación departamental, alrededor de 4.870 productores de arroz están distribuidos en 11 municipios, donde el cultivo impulsa el empleo, el comercio y otras actividades relacionadas con la cadena productiva. Una caída prolongada de la rentabilidad podría afectar no solo a los agricultores, sino también a trabajadores y pequeños negocios vinculados al sector.
A las dificultades actuales se suma la preocupación por el Tratado de Libre Comercio entre Colombia y Estados Unidos, que contempla una reducción gradual de los aranceles para el arroz estadounidense hasta llegar al 0 % en 2030. Los productores temen que la entrada de cereal importado en condiciones más competitivas aumente la presión sobre los precios nacionales y profundice la crisis de rentabilidad, especialmente si no se adoptan medidas para fortalecer la producción local.
La controversia también aumentó tras unas declaraciones atribuidas al ministro de Agricultura, Indalecio Dangond, quien habría recomendado a los agricultores dejar de sembrar arroz por su baja rentabilidad y considerar alternativas como el marañón. La propuesta generó rechazo entre sectores que consideran que abandonar el cultivo no resuelve los problemas estructurales de comercialización, productividad y costos que afectan a miles de familias campesinas.
El expresidente Gustavo Petro reaccionó a través de sus redes sociales y cuestionó esa postura, al señalar: “Esto que dice el ministro de agricultura sobre dejar de cultivar arroz es miserable con el pueblo de Colombia. El arroz es un cereal nutritivo y debemos ir hacia la autosuficiencia alimentaria”. Sus declaraciones reavivaron el debate sobre la necesidad de garantizar la producción nacional de alimentos y reducir la vulnerabilidad del país frente a las importaciones.
Aunque el Gobierno ha anunciado acciones relacionadas con financiación, planificación y comercialización, los productores consideran que las respuestas todavía son insuficientes. Mientras crece la posibilidad de una nueva movilización nacional, el gremio insiste en la necesidad de establecer medidas concretas para recuperar la rentabilidad, proteger a los agricultores y fortalecer la competitividad del arroz colombiano frente a los desafíos climáticos y comerciales.

