La intervención de un grupo élite y una Fiscalía especializada en Ataco marca un giro en la estrategia estatal, enfocada ahora en judicializar responsables y desmantelar estructuras de multicrimen que operan en el sur del Tolima.
El municipio de Ataco se convirtió en el epicentro de una intervención directa del Estado frente al avance del multicrimen asociado a la minería ilegal, en una operación que busca recuperar el control territorial y frenar el deterioro ambiental en el sur del Tolima.
La llegada de un grupo élite, junto con una Fiscalía especializada de alto nivel, representa un cambio significativo en la estrategia institucional, que deja atrás los operativos centrados únicamente en la incautación de maquinaria para priorizar la judicialización de los responsables.
Según explicó la directora de Cortolima, Olga Lucía Alfonso Iannini, la intervención no tiene un carácter exploratorio, sino que está orientada a obtener resultados concretos en materia penal y desarticulación de estructuras ilegales.
Las autoridades han advertido que la problemática ha escalado a niveles críticos, evolucionando de prácticas de minería artesanal hacia un entramado criminal complejo que involucra grupos armados ilegales, bandas organizadas y redes dedicadas a financiar la violencia en la región.
En este contexto, la extracción ilícita de oro se ha consolidado como una de las principales fuentes de financiación de estas organizaciones, lo que ha incrementado la presión institucional para atacar no solo las operaciones en terreno, sino también las finanzas que sostienen estas economías ilegales.
El impacto ambiental es otro de los puntos más preocupantes. Se ha evidenciado el uso de maquinaria pesada que está devastando ecosistemas estratégicos, así como la contaminación de fuentes hídricas con sedimentos y mercurio, afectando gravemente a las comunidades locales.
A esta situación se suman denuncias sobre presiones de actores ilegales contra la población civil, incluyendo asonadas de más de 500 personas que, según reportes oficiales, serían utilizadas como escudos humanos para obstaculizar los operativos de la Fuerza Pública.
Con esta intervención, el Estado busca enviar un mensaje contundente: no permitirá que estructuras criminales continúen ejerciendo control en el territorio ni que los delitos ambientales queden en la impunidad, dando paso a una nueva fase de acción directa, sostenida y con resultados judiciales de fondo en la región.





