Después de más de cuatro años de suspensión, la capital del Tolima vuelve a discutir la posibilidad de permitir cabalgatas, pero la eventual autorización estaría condicionada a una reglamentación que establezca controles sobre el bienestar de los equinos, la seguridad de los jinetes y la protección de los espectadores.
La posibilidad de que las cabalgatas regresen a Ibagué comenzó a tomar fuerza nuevamente, luego de que se adelantara una socialización sobre las condiciones que tendría la reglamentación que deberá ser discutida por el Concejo Municipal. El encuentro se realizó este martes en el CAM de La Pola y representa un nuevo capítulo en una discusión que permanece abierta desde hace varios años. La ciudad lleva más de cuatro años sin este tipo de actividades debido a las restricciones derivadas de una acción popular y a las decisiones judiciales relacionadas con su realización.
El propósito de la propuesta no sería simplemente recuperar una actividad tradicional de las festividades de Ibagué, sino establecer un marco que permita determinar bajo qué condiciones podría desarrollarse una cabalgata. En enero de este año, la Administración Municipal ya había advertido que no podía autorizar estos eventos mientras no existiera una reglamentación aprobada por el Concejo, además del cumplimiento de permisos y requisitos relacionados con organismos de socorro, autoridades ambientales, Gobierno y bienestar animal.
Uno de los principales componentes de la eventual reglamentación estaría relacionado con la protección de los equinos. Antes del recorrido tendría que realizarse una revisión de las condiciones físicas de cada animal, incluyendo aspectos como hidratación, estado de salud, herraje y capacidad para soportar la actividad. Durante la jornada también deberían existir mecanismos de atención veterinaria que permitan retirar oportunamente a cualquier caballo que presente signos de agotamiento, deshidratación, lesiones o cualquier otra condición que pueda comprometer su bienestar.
Las restricciones también alcanzarían los elementos y comportamientos que puedan provocar accidentes o generar estrés en los animales. La propuesta contempla prohibiciones relacionadas con armas, botellas de vidrio, pólvora y otros objetos potencialmente peligrosos, mientras que los equinos no podrían ser utilizados para carreras o estampidas. De igual manera, se plantea limitar o prohibir elementos como fustas, látigos, rejos, perreros, zurriagos y espuelas de castigo cuando puedan causar dolor o sufrimiento.
Otro de los puntos centrales sería el control del consumo de alcohol durante el recorrido. La intención es impedir que los participantes desarrollen la actividad bajo los efectos de bebidas alcohólicas, debido a que esta condición puede incrementar el riesgo de accidentes y afectar la capacidad de reacción del jinete. Una persona que no cumpla las condiciones establecidas podría ser retirada preventivamente, entendiendo que la seguridad debe proteger simultáneamente al participante, al animal y al público.
El recorrido también tendría que contar con una operación logística mucho más estricta que en el pasado. El propósito sería impedir el ingreso de vehículos o peatones ajenos a la actividad y reducir los cruces, aglomeraciones y estímulos inesperados que puedan provocar reacciones impredecibles de los caballos. La experiencia de otras ciudades muestra que los equipos veterinarios, ambulancias para equinos y protocolos de atención durante el trayecto pueden convertirse en herramientas fundamentales para responder ante emergencias y proteger a los animales.
La participación de adolescentes también estaría contemplada, aunque bajo condiciones especiales de seguridad, acompañamiento y supervisión. El principio general sería evitar que los menores queden expuestos innecesariamente a los riesgos propios de una actividad que involucra animales de gran tamaño, circulación masiva de personas y posibles situaciones de emergencia. La eventual reglamentación deberá precisar requisitos de edad, acompañamiento y responsabilidad, de manera que la participación de menores no termine convirtiéndose en un factor adicional de riesgo.
El debate, por ahora, no significa que las cabalgatas ya estén autorizadas. La Administración Municipal confirmó durante 2026 que la actividad no podía realizarse sin una reglamentación que atendiera las exigencias judiciales, razón por la cual tampoco hizo parte de la programación oficial del Festival Folclórico Colombiano de este año. Ahora, con la socialización realizada y la posibilidad de que el proyecto llegue al Concejo durante las sesiones extraordinarias, el reto será demostrar que una tradición puede regresar sin que el entretenimiento esté por encima del bienestar animal. Si finalmente se abre la puerta a estas actividades, la diferencia fundamental deberá estar en los controles, la vigilancia y la capacidad real de las autoridades para intervenir ante cualquier situación que amenace la vida o integridad de caballos.

